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24 marzo 2010 3 24 /03 /marzo /2010 21:35

     El Poder de la Palabra 4ª parte


La Escucha

 

“El que tiene oídos para oír,  oiga.”

 (Mt 13,9).-

 

    

MVC-036S     El Doctor Rafael Echeverría en su libro Ontología del Lenguaje, dice que la comunicación humana tiene dos facetas: Hablar y escuchar y que normalmente pensamos que es más importante el hablar, considerándolo el lado activo de la comunicación, mientras que el escuchar se le considera pasivo.

 


    

     Sin embargo, hoy nos damos cuenta que la parte que se considera pasiva y que es la de la escucha, juega  un papel preponderante en el arte de hablar bien, porque tal y como dice el dicho “el mejor conversador, es el mejor escuchador.”

 

 


     Cuantas veces hemos  escuchamos quejas de nuestros hijos, de nuestros cónyuges, del personal que labora y colabora con nosotros, que no les hacemos caso, que no les ponemos atención, que los estamos oyendo pero no los estamos escuchando, cuando nos abordan y les prestamos escaso interés; creemos que lo que nos traen carece de importancia, nos formulamos un juicio prematuro al pensar que lo que nos dirán será frívolo o banal.

 

 


     Muchas veces cuando alguien nos habla, no le prestamos la atención que el caso amerita y seguimos haciendo lo que estamos haciendo; a mi me suele pasar infinidad de veces, cuantas veces cuando alguien me aborda en mi oficina, o en mi casa de habitación y estoy frente al computador, le digo: Hable que le estoy escuchando, pero no interrumpo lo que estoy haciendo, y contesto de vez en cuando  con un ajá aislado para hacer creer que estoy escuchando, sin quitar la vista del monitor, o cuantas veces he caído en la descortesía de  contestar el celular  o  hablarle  a un tercero cuando alguien necesita que le escuche ¿Qué sugiere esa actitud? Que no le  interesa ni el problema, ni la persona que nos busca, que siempre tendremos cosas más importantes que atender antes que a él o ella. Y con esta actitud estamos minando las sanas relaciones interpersonales, estamos demostrando que nuestras competencias conversacionales son incipientes.

 

 


     El General retirado Colin Powell, ex jefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército de EUA  en su breviario de liderazgo que se puede adaptar al ambiente de cualquier gerente con pretensiones de convertirse en un verdadero líder, dice en la lección número 2: “El día que el soldado deja de traernos sus problemas, es el día que ya no somos sus líderes, porque ya no confía en que le ayudemos, o se convence de que no nos importa. Uno ú otro caso serán falla del liderazgo.”

 

 

 

 

 

     Algunos líderes forman tantas barreras contra la comunicación hacía arriba dice el General, que se vuelve absurdo pensar que un subordinado busque ayuda en su líder.

 

 

 

     Fomentan una  cultura que clasifica la petición de ayuda como debilidad o fracaso, con lo que todos cubren sus fallas, perjudicando así a toda la unidad. El autentico líder es accesible y está disponible. Al mismo tiempo que exige alto desempeño, se preocupa por los esfuerzos y retos del subordinado. Al final, así será más probable que en su unidad el análisis de los problemas aparezca en vez de la culpabilización.

 

 


      Cuantas veces hemos sido victimas y también victimarios de las malas prácticas conversacionales, de falta de  un liderazgo eficiente y eficaz, de las insanas conversaciones. ¿Cuántas veces yo he sido dejado con la palabra en la boca? Porque otra persona “más importante” que yo importunó la conversación.  ¡Infinidad de veces! Y,  ¿Cuántas veces yo también  he hecho lo mismo? Haciéndome el importante, por contestar una llamada, o por creer que es necesaria mi presencia en algún acto, creyendo que sin mí nada puede funcionar ¡Infinidad de veces!

 

 


     Reflexionando sobre las actitudes anteriores, estoy totalmente de acuerdo con la exposición del general; estamos perdiendo liderazgo cuando abortamos una plática por hacer tal o cual cosa, sugiriendo que nuestro interlocutor  no es sujeto de interés.

 

 


     Meter  Drucker, escribió: Demasiados ejecutivos piensan que son maravillosos con las personas porque hablan bien. No se dan cuenta de que ser maravillosos con las personas significa escuchar bien.”

 

 


     Tom Peters por su cuenta añade que una de las principales causas del bajo rendimiento del Management es el hecho de que el manager no escucha a sus empleados, ni a sus clientes ni al mercado. Por lo tanto, recomienda que nos obsesionemos con el escuchar.

 

 


     Jesús nos lo dice sin tanta parafernalia en el párrafo que utilice como preámbulo introductor  “el que tiene oídos para oír,  oiga” Y es que Dios nos dotó de una sola boca, pero dos oídos, para oír doblemente tanto lo que decimos como lo que escuchamos; podría decirse que añade más valor al arte de saber escuchar bien que a lucirnos con  tanto discurso rimbombante que nos gusta muchas veces disertar. A través del tiempo he escuchado a hombres y mujeres con grandes capacidades en el arte de hablar en publico, académicos con dotes de oratoria; pero el mensaje mas oportuno es el que nos deja Jesús hoy, “el que tenga oídos para oír, oiga”  mensaje que nos deja sin una  construcción gramatical prodigiosa para que nadie quede excluido de su significado y que todos podamos entender con claridad y transparencia.  Son tan solo siete palabras las que tenemos que memorizar, a fin de mejorar nuestro liderazgo en la vorágine de las palabras dichas y hechas.

 

 


     Michael Porter, Gurú de la administración moderna nos dice: “No te hace rico lo que tienes, sino lo que haces con lo que tienes.”

 

 


     ¿Qué hemos hecho nosotros con el don del habla y de la escucha? Hemos cambiado mundos, hemos enriquecido la vida de las personas que giran en torno nuestro,  hemos traspasado la frontera de la aquiescencia de la vida a la trascendencia de la misma, bailando al compás de una danza entrelazada con las palabras, con el poder de la escucha sin distingos  económicos, sociales, políticos, raciales o religiosos; o hemos hecho con esos dones lo mismo que hizo el siervo malo y perezoso que enterró el talento que le dio su Señor (Mt 25,14-30). No poniéndolo al servicio de nuestro prójimo mas próximo.

    

 

 

     Por lo tanto “El que tiene oídos para oír, oiga”.-

 

 

 

 


José Luis Riveiro Fernández

Gerente Agencia Cobán

Santo Domingo de Cobán, 24 de Marzo de 2010

Fuente Video:www.youtube.com

Bibliografia: Ontologia del Lenguaje, Dr. Rafael Echeverria.

 

 

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Published by Agencia Cobán - en INFORMACION GENERAL
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