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8 febrero 2010 1 08 /02 /febrero /2010 15:20

 

  100118 154813   En el evangelio de San Lucas, capítulo  5 y versículos del 1 al 11, podemos leer el relato de la pesca abundante o milagrosa como también muchos suelen llamarle; en ese pasaje podemos visualizar  en escena a Jesús cuando invita a Simón Pedro a “remar mar adentro y echar las redes,” ante tal invitación Pedro se queda escéptico porque ya habían trabajado  toda la noche y no habían pescado nada; estaban atribulados, cansados y desvelados por la dura faena, y Él con una basta experiencia en su oficio sabía que las horas no eran propicias para navegar mar adentro y volver a echar las redes; pero  aún así obedece  y le dice a Jesús  que en su nombre echará las redes de nuevo, pescando una gran cantidad de peces que casi se hunde la barca por la abundancia de los mismos.

 

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     Del relato anterior podemos sacar varias conclusiones y la primera  es que  él que “manda, manda aunque se equivoque, pero el que obedece nunca se equivoca” tal y como le paso a Pedro que  contra todo pronóstico de tener éxito al adentrarse nuevamente en el mar de Genesaret, lo hace obedeciéndole a Jesús  y esta vez con un rotundo éxito, en principio porque en esta ocasión lo hizo en el nombre del Señor y con esta acción  aseguró  la bendición en el ejercicio de su profesión, porque todo lo que se hace o se dice en el nombre de Jesús no puede quedar inconcluso, ya Jesús mismo lo dijo, que todo lo que se pida en su nombre se concederá.

 

 

     Pedro perseveró y por eso obtuvo abundante pescado; hay un dicho que dice que “si quieres comer pescado, tienes que mojarte” y eso hizo Pedro, mojarse.

 


Cuántos de nosotros en el ejercicio de nuestra profesión, queremos abandonar el trabajo después de un día arduo, fatigoso e infructuoso; quizá porque estuvimos bregando en el camino sin echar las redes en el nombre de Jesús y por eso no vemos los resultados inmediatos.  En los Estados Unidos de Norte América, existe un prominente vendedor de seguros llamado Joe Gandolfo; quien sostiene  que su éxito se debe a que él antes de hablarle a un candidato de seguros, le habla a Dios de ese candidato, para que el Señor, abra su corazón y su mente y despierte el interés, y después le ofrece al Señor el crédito, porque nada, absolutamente nada es fruto de una conquista personal, todo lo que somos, tenemos y hacemos siempre se lo debemos a alguien. Asimismo indica que para tener éxito en este negocio tenemos que estar bien con todos, manteniendo sanas relaciones inter personales con el prójimo, especialmente con “el hombre de arriba” a efecto de atraer la bendición que se espera en la tentativa de cualquier empresa.

 

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     El segundo punto a considerar en esa lectura del evangelio es que cuando  Pedro echó al mar las redes, estas casi se rompen por la abundancia de los pescados, llamando a los otros socios que iban en la otra barca para que los ayudarán, llegaron estos y llenaron las dos barcas que casi se hunden. ¿Qué valores pusieron en práctica? El valor de la paciencia, de la solidaridad, del compañerismo, de la confianza, trabajaron en equipo, pero por sobre todas las cosas, pusieron en práctica la virtud de la fe, la esperanza y la caridad. Valores y virtudes que hoy día son imprescindibles para tener éxito en el ejercicio de nuestra  profesión, porque al igual que esos pescadores; los aseguradores de Cobán  vamos en la misma barca, tratando de pescar siempre lo mismo y no pocas veces por nuestros individualismos, egoísmos, por no ser propositivos, proactivos y trabajar en equipo, amenazamos con hundir la barca pero no por la abundante pesca, sino por la falta de la misma; muchos queremos remar al ritmo de nuestro propio tamborilero y no queremos aceptar que la falta de compromiso y responsabilidad de uno solo de nuestros asociados, con uno solo que deje de remar; la barca, representada en esta ocasión por nuestra agencia, amenaza con hundirse; ratifico no por la abundancia sino por la carencia de una pesca milagrosa.-

 

 

   

     ¡Duc in altum! Que en latín significa “remen mar adentro” es una invitación también para alejarnos de la orilla, de lo superficial, de lo cercano, de lo fácil, de la rutina; para sumergirnos en las profundidades de ese inmenso mar de gente llamado Guatemala, cuyos habitantes  ante las circunstancias desfavorables que viven actualmente, necesitan urgentemente de nuestra asistencia como aseguradores;  porque según  los datos revelados por un matutino en fechas recientes, este año empezó con olor a plomo y sangre en virtud que  cada 90 minutos muere un conciudadano como consecuencia de la violencia, cada día se roban mas de un vehículo, cada día se atenta contra la vida y la propiedad privada; y, ante esa fatalidad hoy mas que nunca los eventos  están dados para echar las redes en el nombre de Jesús y llevar la paz y la tranquilidad mental a todas aquellas personas que necesitan de un seguro; (todos lo necesitan).

 


      Pero para lograr la bendición en la tentativa de nuestra empresa tenemos que “remar mar adentro”  para llegar a  donde hay abundante pesca; tenemos que ser itinerantes, salir a lugares distantes;  no podemos actuar como “marineritos de agua dulce” pretendiendo encontrar pesca abundante a la vuelta de la esquina, en los alrededores de la agencia o de la casa; tirando dos o tres veces el anzuelo (no red) después de las nueve de la mañana y al desconsolarnos  ante la falta de resultados, buscar el refugio en la sede de  la agencia, para seguir haciendo lo mismo en nuestra casa de habitación   después de las cinco de la tarde; recordemos que aquellos pescadores no se desanimaron  ante el desconsuelo de una noche infructuosa, volvieron a salir a seguir intentando,  volvieron a echar las redes, pero esta vez lo hicieron en el nombre de Jesús, el resultado; ya lo conocemos.  

 

PescaMilagrosa.jpg

 

 

     Al final nos narra el evangelio que esos pescadores lo dejaron todo y siguieron al líder; hoy, al igual que aquellos tiempos pretéritos, nosotros tenemos que dejar también muchas cosas para seguir al líder.  Entre las muchas cosas que tenemos que dejar están las envidias, los individualismos, los vicios, el conformismo, el trabajo a medias, la pasividad, los malos hábitos, la postergación, la falta de voluntad, la insana competencia y la extrema ambición  cuando pasamos encima de quien sea con tal de lograr lo que de otra forma no lograríamos; rompiendo las redes ajenas y robando el contenido de la misma, al estilo de la vieja usanza de los piratas  que ayer como hoy navegan en nuestros mares; atracando barcas en mares que no les corresponden; por lo tanto, tiremos por la borda de nuestra barca todas aquellas circunstancias anti éticas y perversas  que ponen en peligro  mantener el rumbo, la perspectiva,  la visión y la misión que tenemos establecida y combatamos con la buena lid a todos aquellos bucaneros de este tiempo presente que atentan contra la gloria,  la  paz, la tranquilidad y las buenas costumbres de las gentes que quieren hacer las cosas al estilo de Jesús.

 

 

 

     Dentro de lo mucho que también tenemos que dejar, no pocas veces están  nuestro cónyuge,  nuestros hijos, la comodidad y el confort de nuestro hogar, para ir a navegar y  echar las redes a lugares remotos, a lugares inaccesibles, ante condiciones  climáticas adversas y caminos difíciles, siendo  indiferentes ante  las adversidades con las  que podamos encontrarnos y tener siempre presente que “los mejores marineros son aquellos que se hacen en las peores tormentas” para que podamos  decir al final de cada  faena, Gracias Señor porque no he trabajado en vano y mi pesca ha sido abundante.-

 

 

 

 

José Luis Riveiro Fernández

Gerente de Agencia Cobán

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