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28 junio 2011 2 28 /06 /junio /2011 23:01

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Benjamín Franklin dijo hace mucho tiempo que era una extraña inconsistencia que la gente asegurara sus bienes materiales y desdeñara asegurar sus propias vidas,  sin duda alguna  lo más próximo a perderse.

Lo dicho por Franklin hace pensar en  una sociedad eminentemente materialista que prefería resarcir el daño producido a consecuencia de una pérdida material que la que causa la de una vida, y es penoso decirlo pero el sentir y el pensar que se expresa en la falta de un seguro de vida completo sigue en vigencia en pleno siglo XXI, al menos en Guatemala así lo demuestran las estadísticas que evidencian falta de cultura previsional en el ramo del seguro de personas, tomando en consideración que una inmensa mayoría de gente prefiere asegurar un vehículo, un negocio o su dinero a su propia vida, sin duda lo más vulnerable a perderse. Diciéndolo metafóricamente mucha gente prefiere asegurar los huevos de oro que produce y no a la gallina que pone esos huevos de oro. Muchos parecen amar más  su carro, su casa, su negocio, su dinero, su cultivo, su ganado que su propia vida y la de sus seres queridos, quienes al final de cuentas pagarán las consecuencias cuando muera alguno de sus padres, porque el  seguro de vida siempre se paga. Si no lo pagamos hoy mediante pequeños sacrificios económicos lo pagará nuestra familia mañana, cuando los hijos menores de edad se queden desprovistos de techo, abrigo, instrucción académica, comida, medicamentos, tranquilidad y comodidad entre tantas otras cosas;  evidentemente todo lo que empieza a faltar cuando un padre o una madre de familia muere sin tener vigente una póliza de seguro de vida y no tiene más patrimonio que el salario que el padre y la madre llevaban al hogar para el sustento diario.

 Un seguro de vida le parece a muchos demasiado oneroso: “es muy caro dado los años que tengo”, “valgo más muerto que vivo”, “no le dejare ni un centavo al lechero”, “si no me quieren oler que me entierren”, “asegure mi carro antes”, “mis hijos que vean como se las espantan”, “venga el año que viene” (jactándose del mañana) objeta mucha gente cuando se le habla de los beneficios que conlleva una póliza de seguro de vida, pero si vemos no escatiman esfuerzos para asegurar cualquier cosa material. Es cierto, que ante la ingobernabilidad que se vive en toda la Republica de Guatemala, los robos y atracos de automóviles, negocios y casas de habitación se han intensificado; también lo es que la vida misma, lo más preciado que tenemos  ya no se respeta y se valora, prueba de ello son las 19 personas en promedio diario que muere solo como consecuencia de los índices delincuenciales, sin contar hombres, mujeres y niños que mueren a consecuencia de enfermedad o accidente en cualquier carretera, playa,  centro hospitalario o en su casa de habitación.

Ante la incertidumbre que se vislumbra desde el punto de vista social, político y económico es mejor “prevenir que lamentar” y hoy más que nunca debemos “extremar la diligencia” en materia previsional, asegurando nuestro porvenir y el de nuestros seres queridos, porque dadas las circunstancias desfavorables que estamos atravesando,  todos por igual somos un blanco tangible y estamos en la mira de cualquier malhechor; el día de mañana siguiendo el cauce  de las estadísticas habrán 19 nuevos muertos; quienes serán no lo podemos predecir; pero hasta el día de hoy esos números siguen sumando.

Si yo le preguntara a cualquiera: ¿Es usted un padre o una madre responsable, dedicada a su trabajo y a su hogar? Inmediatamente me responderá con un rotundo y orgulloso ¡Sí! Sin embargo a veces lo que decimos no es coherente con lo que hacemos, decimos que amamos entrañablemente a nuestros seres queridos, pero les dejamos penas y sufrimientos cuando dejamos este mundo, al no dejar nada para que nuestros dependientes le hagan frente a los retos de la vida, que se intensifican cuando falta el encargado de su manutención.

El libro de los libros en la 1ª carta a Timoteo en su capítulo 5 y versículo 8 dice así: “Si uno no cuida de los suyos, especialmente de los que viven en su casa, ha renegado de la fe y es peor que un incrédulo”. Esta aseveración  nos puede servir de base para reflexionar en torno a tres preguntas que para mí son incuestionables:

¿Cuida usted de los suyos?

¿Cuáles serían las consecuencias para usted,  esposa é hijos si no se preocupa por los suyos?

¿Qué va a hacer ahora?

¡Medítelo y actué!

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José Luis Riveiro Fernández

Santo Domingo de Cobán, 28 de junio de 2011

 

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